Volver a Noticias

Expertos advierten sobre el riesgo de desarrollar vínculos emocionales con la IA

En un conversatorio reciente, expertos en inteligencia artificial y ética han lanzado una seria advertencia sobre un fenómeno emergente: el riesgo de que los seres humanos desarrollen vínculos emocionales con sistemas de IA. Este avance tecnológico, que evoluciona a una velocidad nunca antes vista, nos obliga a replantear conceptos fundamentales sobre la interacción humana y la naturaleza de la conciencia, como señaló Pablo Pruneda Gross, titular del Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial (CCOIA) de la UNAM. La rapidez de esta evolución es tal que la capacidad humana de asombro se ve superada, llevando a una adaptación casi inconsciente a interfaces cada vez más sofisticadas.

Pruneda Gross destacó que la IA más sofisticada está siendo desarrollada predominantemente por la iniciativa privada, no por gobiernos o universidades, lo que introduce un sesgo hacia fines de utilidad económica. Esta motivación comercial puede llevar a diseños de IA que, intencionalmente o no, fomenten la dependencia emocional para maximizar el engagement. El experto insistió en la necesidad de recordar que estas herramientas no piensan en el sentido humano, una distinción crucial para evitar problemas de dependencia que ya están comenzando a manifestarse.

Otro punto crítico abordado fue la redefinición del concepto de plagio. Con la IA generando contenido original a un ritmo sin precedentes, el problema ya no es solo la copia, sino la atribución de titularidad a algo que no fue creado por un ser humano. Esto abre un nuevo paradigma legal y ético que las legislaciones actuales apenas comienzan a contemplar. La 'apariencia de entendimiento' que exhiben los sistemas de IA, capaces de ofrecer respuestas óptimas y aparentemente comprensivas, es una de las razones por las cuales las personas pueden empezar a percibir estas máquinas como entidades con las que se puede establecer un lazo afectivo.

Además de las implicaciones emocionales y éticas, el conversatorio también abordó el monumental impacto energético de la IA. Se estima que para 2030, los centros de datos a nivel global, que sustentan la infraestructura de la IA, consumirán aproximadamente 945 teravatios-hora. Para ponerlo en perspectiva, esta cifra equivale a toda la energía que consume México en tres años o Japón en un año. Este dato subraya la necesidad urgente de desarrollar soluciones de IA más eficientes energéticamente y de transitar hacia fuentes de energía renovables para sostener su crecimiento exponencial.

Edowi considera que estas advertencias son un llamado a la acción. El futuro de la interacción humano-IA exige un diseño consciente y ético que priorice el bienestar humano sobre la mera funcionalidad o el beneficio económico. La educación pública sobre las capacidades y limitaciones reales de la IA, junto con una regulación proactiva que aborde tanto los aspectos emocionales como los energéticos, será fundamental para navegar esta nueva era tecnológica con sabiduría y responsabilidad. La sociedad debe prepararse para una coexistencia donde la distinción entre lo humano y lo artificial sea clara, y donde la tecnología sirva como herramienta, no como sustituto de la conexión emocional genuina.